Dormir bien no es un detalle
El descanso del huésped tiene una dimensión que la hotelería todavía puede explorar mucho más: la científica.
Dormir no significa simplemente cerrar los ojos durante varias horas. Durante el sueño, el organismo atraviesa diferentes etapas necesarias para la recuperación física, la regulación emocional y procesos relacionados con la memoria y el rendimiento cognitivo. En adultos, la recomendación general es dormir al menos siete horas por noche.
Pero la cantidad de horas no lo explica todo.
La Organización Mundial de la Salud señala que el ruido durante el sueño puede provocar aumentos de la frecuencia cardíaca, microdespertares, cambios en las etapas del sueño e incluso despertares completos. Es decir, una persona puede permanecer en la cama toda la noche y aun así no conseguir un descanso verdaderamente reparador.
Aquí aparece una cuestión importante para los hoteles.
El sonido de un pasillo, una puerta que cierra con fuerza, el aire acondicionado, la iluminación que ingresa desde el exterior o las condiciones térmicas de la habitación no son únicamente aspectos de confort. Pueden convertirse en variables de la experiencia de descanso.
Y las consecuencias se perciben al día siguiente. La falta de sueño adecuado puede afectar la capacidad para pensar con claridad, reaccionar rápidamente, formar recuerdos y regular el estado de ánimo.
Por eso, quizás debamos comenzar a mirar la habitación desde otra perspectiva.
No solamente preguntarnos si está limpia, bien diseñada o equipada.
También preguntarnos:
¿Está preparada realmente para que una persona duerma bien?
En la hotelería del futuro, el descanso podría dejar de ser una consecuencia de la estancia para convertirse en un indicador de calidad de la experiencia del huésped.
Martin Vargas
MVA Quality | Sleep Wellness
